¿SE GLOBALIZARA LA CULTURA? *

 

Jorge A. Flores Ochoa

 

            La globalización, especialmente de la economía, es parte del vocabulario que se oye muchísimo estos últimos tiempos. Está a flor de labios para todo propósito. Si faltan argumentos, se requiere reforzar una posición, justificar lo inevitable o mostrar que se está al día, se repite mecánicamente, que por la inevitable globalización, se debe aceptar cualquier decisión que parezca moderna. Incluso las propuestas más descabelladas son justificadas, porque debido a la globalización se llegará a ellas de manera invitable. No hay escapatoria. El mundo del futuro será global, la famosa "aldea global", que tanto se repite, por supuesto por quienes están acostumbrados a eso: a repetir.

            Los milenaristas de fines del primer milenio de la era cristiana (otra imposición del mundo occidental para dividir el tiempo, como parte de su propósito globalizador, inspirados en la idea que su historia es la única, a la que se deben ceñir los demás pueblos), profetizaban el fin del mundo. Se preparaban ante lo ineludible. Han pasado mil años, por supuesto el fin del mundo no ocurrió. La comprobación histórica, no impide que nuevos grupos religiosos sigan anunciando el fin del mundo, en fechas que fijadas con total precisión.

             Siglos después otros profetas, también europeos, anunciaron que era ineludible la sociedad sin clases, porque así lo establecía el "Socialismo científico", de acuerdo a las reglas objetivas de desarrollo de la sociedad. Era el destino final de la humanidad. No ha sucedido así, aunque lo que ha pasado en el mundo, trata de ser utilizado como argumento por los entusiastas de la globalización. Fundamentación que no requiere acudir a argumentos ideológicos o científicos. Basta decir que ocurrirá para que se la acepte.

            No llama la atención que se oscile de uno a otro dogma, porque los fundamentalistas, cualquiera sea su color, tienen mentes formateadas con dogmas, parametradas y programadas para repetir pensamientos de moda, al modo de spots de la televisión o jingles radiales. Los caracteriza la repetición talmúdica del credo de moda. No es extraño que los fundamentalistas de ayer y hoy compartan el mismo afán evangelizador de convertir a los demás en practicantes o por lo menos resignados receptores del nuevo evangelio de la globalización.

            Si ese es el destino de la humanidad, pues aceptarlo y someterse a los dictados de los centros emisores mundiales, porque el reino de la globalización está en camino. Sus profetas, como el que anunciaba "el fin de la historia", han dicho la última palabra.

            El futuro será así. ¿Ocurrirá? Tengo derecho a dudar de la veracidad de este nueva verdad y ser sometido a la pena de declaración de hereje, caer en "erronías", por tanto merecedor de condena. Es necesario asumir el riesgo, porque la experiencia y la historia de las ciencias muestran que el conocimiento avanza negando o corrigiendo supuestas verdades universales, aceptadas sin discusión, por gente muy seria, aunque posiblemente no bien informada.

            Antes de proseguir veamos rápidamente qué quieren decir por globalización sus defensores. De lo leído  y oído está claro que están pensando en la universalización de ciertos comportamientos, especialmente en la economía teñida fuertemente de neoliberalismo, pasando a tecnología, para trasladarla mecánicamente a la cultura. Aclaro que la cultura la entiendo desde la perspectiva de la antropología, en cualquiera de las más de doscientas definiciones que existían hace treinta años, que supongo se ha duplicado en este lapso.            

            Hay campos del conocimiento científico que refuerzan estas propuestas. Son precisamente los que exhiben grandes avances en los últimos decenios. Tal vez no impresionen sensorialmente como las computadoras, la rapidez de las comunicaciones, la navegación en el ciberespacio, la multimedia y otras delicias que indudablemente posee "la tecnología de punta".

            Para comenzar extrapolo la diversidad frente a la globalización, considerada -repito- como la propuesta de la universalización de principios, reglas de comportamiento, sistemas económicos, en fin todo el comportamiento humano que  se denomina cultura. Aquí también se pueden incluir propuestas que al igual que la panacea de la privatización, plantean que la cultura será universal en su forma, sentido y significado. Entiendo que la creación humana seguirá los criterios universales que emiten los centros de poder económico y político del mundo occidental, que en otras palabras son Europa Occidental y Estados Unidos.

            La historia de la humanidad prueba que el proceso de hominización es resultado de la diversidad biológica, a la que se debe añadir la cultural. Una línea de antepasados comenzó a divergir hace catorce millones de años. Separaciones posteriores dieron lugar a líneas de antepasados de los actuales simios y los seres humanos, que a su vez hace cuatro a tres millones de años, comenzó a separarse. Una rama es la de los Australopitecinos, que se extinguió posiblemente porque no lograron adecuada adaptación. Otra rama dio origen al Homo habilis, nuestro remoto antepasado. Sucesivas diversificaciones dieron origen a otros antepasados, que perdieron el camino de la evolución. Algunos tuvieron capacidad para crear utensilios, trasmitir pensamientos y símbolos por medio del lenguaje, que es el invento humano imprescindible para el exitoso proceso de humanización que comenzó hace varios millones de años.

            Durante siglos de adaptación evolutiva aparecieron y desaparecieron varias ramas de antepasados, hasta que surgió el Homo sapiens, que también se diversificó originando el Homo sapiens sapiens, hace más o menos cien mil años. La actual humanidad, sin excepción, pertenece a este género y especie, sea que tenga la piel negra, amarilla, morena o blanca. Mutaciones genéticas, procesos adaptativos evolutivos independientes han originado lo que todavía, en lenguaje común, se siguen llamando razas.  Es indudable que hay diferencias morfológicas entre europeos nórdicos y africanos bosquimanos, entre alpinos y andinos de la sierra, que no impiden que taxonómicamente todos pertenezcan al mismo género y especie. En este caso la diversificación es el resultado de variados factores, que no han podido impedir la mixoginación, el entrecruzamiento de la población humana, con descendencia fértil, que permitió fijar ciertas características somáticas.

            Las ideas equivocadas que se fijan en la diversidad física, han originado las actitudes negativas del racismo, condenadas en conferencias internacionales por ser anticientíficas. La diversidad, la unidad sin uniformidad es propia de la especie huamana. Desde 1949 la UNESCO, ha propiciado reuniones para estudiarla, culminando con la declaración del VII Congreso de Ciencias Antropológicas y Etnológicas de agosto de 1954, que ratificó la unicidad del género humano. La diversidad que conocemos, es resultado de complicados procesos adaptativos y culturales.

            Los estudios de la biología, prueban que la diversidad es característica de los seres vivientes, sean plantas o animales. Nadie puede contradecir ahora, que la diversidad, en su forma de biodiversidad, es la nueva riqueza natural, que se debe conservar para el futuro, al mismo tiempo que se ha convertido en la presa codiciada de los mismos países que proclaman la globalización.  La paleontología ilustra con suficiencia, la aparición y desaparición de animales y plantas, la transformación (evolución) de unos en otros. Se asegura que las actuales aves, provienen de reptiles que aprendieron a volar, los mamíferos terrestres que se vuelven animales marinos como las ballenas, son suficiente para mostrar que el proceso de diversificación, que conduce a la diversidad, es la regla entre los seres vivientes y no la uniformización (globalización).

            Esta referencia a la parte biológica, es porque el ser humano también es miembro de la escala zoológica, por tanto tiene comportamientos como las otras especies de la naturaleza. El proceso es similar en la especie humana, con la gran diferencia que le otorga su capacidad para crear cultura. Posiblemente en los últimos cien mil años no se han producido cambios somáticos significativos, lo que no ha impedido que la transformación cultural sea espectacular, por decir lo menos. La creación cultural se ha caracterizado por la diversidad, por el permanente cambio, porque la dinámica cultural es una de las principales características de la sociedad humana. La velocidad del cambio se incrementa vertiginosa e incesantemente, originando mayor diversidad cultural.

            El pasaje bíblico de la Torre de Babel es una magnífica alegoría de la diversidad idiomática, que sin lugar a dudas es característica humana que la sentimos sin alejarnos de nuestra ciudad. Los idiomas tienen variaciones dialectales. No se requiere mayor esfuerzo para notar que el castellano hablado en la sierra es diferente al costeño y éste al selvático, para no referirme ya al bonaerense o al venezolano.  No les falta razón a quienes predicen que el español hablado en el caribe se convertirá en otro idioma con el paso del tiempo. Su relación con el castellano stándar será del mismo tipo que éste tiene con el portugués, el italiano o el francés, todas ellas lenguas latinas, que divergieron de un tronco común, del que inicialmente fueron variaciones dialectales.

            Podría dar decenas de ejemplos para ilustrar que la tendencia humana es ir a la diversidad, que logra que cada cultura sea singular, aunque tengan elementos similares, parecidos o comunes. Es la unidad sin uniformidad, porque todas las culturas solucionan los mismos problemas, sea la búsqueda de alimento, organizar sistemas de parentesco y matrimonio, relaciones con el más allá.

            Lo nuevo en el mundo actual es la velocidad de las comunicaciones, que si permiten que se pueda hablar de la "aldea global". A los minutos, segundos, cuando no al mismo tiempo, nos enteramos de lo que sucede al otro lado del mundo.  Hace años tomaba días, meses o años, enterarse de lo que sucedía allende los mares. En el siglo XVII los Andes se comunicaban con Europa -la metrópoli- mediante la flota que salía una vez al año de Panamá. Perderla significaba esperar un año para intentar otro viaje. En la década de los años treinta Lima estaba más lejos del Cuzco que Buenos Aires. Los aviones la han acercado a menos de dos horas en los años cincuenta, tiempo que se ha reducido a 45 minutos hoy día.

            La velocidad de la información aumenta nuestro conocimiento del mundo. Las ideas literalmente vuelan. Conocemos lo último, especialmente cuando se trata de tecnología, los dictados de la economía, que casi siempre vienen de los mismos países emisores de la ideología del neoliberalismo y la modernidad. Si algo abunda, son los que copian y adoptan todo lo que parece moderno. Pero esta nueva moda no permite pensar en la posibilidad de una cultura universal. Es sólo resultado de la cercanía social propiciada por la tecnología de las comunicaciones.

            No sólo no es deseable que exista una cultura universal, sino que la visión diacrónica de la humanidad que proporcionan las ciencias sociales como la Arqueología, la Historia y la Antropología, nos dice que es imposible. El tiempo, muy breve hoy en día, probará quien tiene razón.  Si los que creen que la cultura se globalizará, en el sentido de ser uniforme o quienes aseguramos que no sucederá en el futuro inmediato, menos más allá del ya mitificado tercer milenio. Las sociedades seguirán con sus diferencias culturales, lo que no quiere decir que el cambio por difusión no sea permanente en la sociedad humana. Esto es otro tema, que atrae por ser parte de la moderna mitología, que pese a ser de interés, lo dejo para otra oportunidad.

 

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* Versión ligeramente modificada fue publicada en El Antoniano, No. 103 de enero de 1999. Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cuzco.